martes, 28 de julio de 2009

Cuarto cine foro del Segundo ciclo de Cine+ Arquitectura. "Secuestro Express".

El día sábado 25 de julio de 2009 se efectuó el último cine foro del Segundo Ciclo Cine + Arquitectura.
Balance del Ciclo: los cuatro cine foros con muy público. En general, interesantes los comentarios de todos los expertos invitados. De Marcos Tarre, invitado al último cine foro, creo que todos esperábamos muchos más aportes.
A continuación algunas ideas expuestas:
Marcos Tarre:
"La idea es hablar de Caracas a partir de la película. Secuestro Express muestra una Caracas que para mí no representa la Caracas que vivimos. A las cinco de la mañana hay una farmacia abierta, una feria y mucha gente. Lo que es más cercano a la realidad es que pasamos mucho tiempo dentro de los carros, en colas. En este sentido yo creo que es lo único realista. Pero en definitiva, hay una ausencia de realismo de la Caracas que se pueda presentar.
Quizás conocimos otra Caracas. El ingrediente de la inseguridad nos ha llevado a perder espacios urbanos y el sentido de integración de ciudad. Actualmente vivimos dentro de los centros comerciales y algunos de éstos recrean la ciudad. En el de la Lagunita, por ejemplo, se colocan fotos que recrean lugares específicos de la ciudad.
En Secuestro Express hay falta de claridad en lo que se quiere decir. Al principio hay muchas imágenes, algo así como diciendo que pasa muchas cosas en Caracas. Al final dicen algo de los ricos y los pobres como en tono de denuncia, pero no está muy claro.
Hay historias en nuestra literatura actual que se presta para llevar al cine"

Robert Gómez:
"Secuestro Express comienza con una toma aérea tipo La Escalinata. La gente siempre trata de bajar del barrio y cuando bajan son rebotados.
Nunca hemos terminado (en nuestro cine) de armar la ciudad, de tenerla.
La ciudad de Jonathan Jakubowicz es hiperrealista. Muestra un Hotel Aladdin que no es lo que es.
Los españoles y los argentinos retratan hermosamente sus ciudades, a pesar de las temáticas abordadas. Los realizadores aman sus ciudades, la transitan. Los nuestros parecen no amar la ciudad.
Manon de Chalbaud si tiene un recorrido diferente de la ciudad. Es una vibra distinta. En el trabajo "Fosa Común" también se cuenta de manera distinta los espacios de la ciudad.
Caracas en el cine venezolano ha sido como una Caracas prohibida. No la retratamos con suficiente amor. Siempre vemos el lado más negativo.
He entrevistado a varios cineastas y la mayoría me han respondido que la ciudad es oscura.
La actitud de Mía Maestro, su personaje es el que sirve para salvar la película"
Nota: En lo particular no coincidimos con la visión que el personaje que salva la película es de Mía Maestro. Budú maneja con seriedad y humor (sí las dos cosas) el lenguaje y la actitud de un malandro.

Otra lectura más:(la nuestra)
Miradas Opuestas....
Tener o no tener. Posición privilegiada o en desventaja, dependiendo a lo que se aluda. En el caso de bienes materiales aparecen clasificaciones ya elaboradas por aquellos hombres interesados en la lucha de clases, por ejemplo. Esta lectura, al contrario, se centrará en las distancias en el aspecto de la formación.
La joven enfermera, interpretada por Mía Maestro, aún con vicios compartido por su un novio, es una mujer culta frente a aquellos delincuentes. Es obvio que sus historias de vida son distintas. La de ella está marcada por la necesidad de apropiarse de saberes de su profesión y de aprender en ese contacto con los pacientes de un hospital. Una experiencia que más allá de aferrarse a una profesionalización se centra en el contacto con los más necesitados. Pareciera hasta cuasi-religiosa esta visión, pero el cineasta no la santifica totalmente. Es allí donde está lo plausible del diseño de este personaje. El calificativo de “culta” no la despoja de su necesidad del otro. Lamentablemente, Budú, siendo “el otro”, no deja de recordarle que esa ventaja es una culpa que debe arrastrar por ser rica. Aquí se asoma la primera visión distorsionada: lo culto no es equivalente a riqueza material. Es parte de los resentimientos con los que diariamente tropezamos: “a ti no te hace falta trabajar tienes dinero…”, “tú hablas lindo eso es de ricos…” “¿para que estudias tanto?”. Estas expresiones reafirman la visión distorsionada. Ahora bien, ¿a que nos referimos cuando hablamos de culto (a)? Tomando en cuenta la definición de los diccionarios respecto al término, se hace referencia al cultivo que bien pudiera asociarse a terrenos a los cuales es posible fecundar, desarrollarse y acumular. Precisamente el tercer verbo le da el rasgo definitorio, pues para Gadamer es la acumulación del patrimonio cultural y una apropiación de contenidos propios de la tradición. Y, si revisamos a Mellich encontraremos que somos biológicamente seres culturales. No nacemos fuera de la cultura y quizá hasta estamos empujados a ella. Entonces ¿se pudiera pensar en malandros cultos?
Si recordamos algunas películas venezolanas encontramos que a excepción de “Canción mansa para un pueblo bravo” donde el malandro robaba libros y sabía dar cuenta del contenido de estos, no hay otros ejemplos. Un malandro es un hombre, y por extensión es un ser también biológicamente cultural. En esa biología no comparte los mismos códigos al entrar a un mundo divorciado de estos.
Aquello que Budú le insistía a la joven enfermera no es más que una conciencia de distancias de cultivos. Él acumula una experiencia en el uso de armas, negocios fraudulentos y mecanismos de coerción (único ecosistema con el cual vivir).
La distancia entre Budú y la joven enfermera dejan al espectador ante un abismo ¿Qué sucedería si…? Abismo que no se resuelve tan fácil y que son objetos de revisión y cuestionamiento a una escuela que ya no cumple una función más que certificar saberes.
José Alirio Peña/ Claritza Peña

miércoles, 22 de julio de 2009

Estreno a la Prensa de "Libertador Morales, El Justiciero"

Este miércoles 22 de julio se presentó a la prensa el largometraje "Libertador Morales, El Justiciero", en la sala 9 de Cines Unidos El Márqués. Contó con la presencia de la directora Efterpi Charalambidis y gran parte del equipo técnico y actoral. Entre los medios televisivos estuvieron Televen, La Tele y Ávila Tv.
Charalambidis, previo a proyectarse la película, agradeció a todo el equipo de trabajo y en un gesto de humildad invocó todas las energías positivas para iniciar una buena temporada cinematográfica. Recordemos que su película es el primer estreno de la Fundación Villa del Cine durante este año 2009 .
"Libertador Morales, El Justiciero" se estrenará en salas de cines el 31 de julio.
Sinopsis
De día Libertador Morales es un correcto mototaxista caraqueño, aficionado al respeto de las normas ciudadanas y a las frases célebres de Simón Bolívar. De noche, tras un atuendo negro y una moto veloz, se transforma en El Justiciero, luchando contra el crimen de la comunidad.
Elenco: Personaje (actor)
Libertador Morales (Rafael Gil), Daisy Gutiérrez (Alba Vallvé), Chaparro (Yugui López), Doña Luisa (Dilia Waikkarán), Simón (José Manuel Suárez), Palo de Agua (Alberto “Paisa” González), Linares (Jean Polanco), Boca ‘e Ferry (Adolfo Nittoli), Araña (Armando Lozada), Leo (Marco Antonio Suniaga), Junior (Osman Miranda), Romero (Marco Antonio Alcalá), Rocío (Yúlika Krausz), De Sousa (José Duarte), Rita (Betty De Castro), Vega (Javier Mogrovejo), Alirio (Trino Rojas), Samir (Elías Hayek), Vecina chavista (Sandra I. Corrales), Vecina escuálida (Verónica Arellano), Leticia (Samantha Castillo), Alfonso (Daniel Rodríguez), Carla (Susana Benavides), Sebastián (Alexis Farías), Pasajero impaciente (Freddy Buitrago), Irma (Aseret Prado), Dartañán (Edgar Gómez).
Sobre Efterpi Charalambidis (Directora)
Efterpi Charalambidis obtuvo su título de maestría en cine en la Universidad de Columbia en Nueva York en el año 2002. Es, además, Licenciada en Comunicación Social, graduada en la Universidad Central de Venezuela. Como actriz, se formó y trabajó en el TNJ (Teatro Nacional Juvenil) y en el TET (Taller Experimental de Teatro), y como directora teatral trabajó durante tres años en el Centro Cultural Griego de Nueva York. Ha escrito y dirigido cortometrajes de producción independiente, entre ellos, Niko’s Restaurant, filmado en Nueva York, el cual obtuvo premios a la edición y al mejor actor en el Festival de Columbia University en el año 2001. Su segundo cortometraje, El Chancecito, se filmó en Caracas y se estrenó en el 2003 en Estados Unidos, donde fue galardonado por la distribuidora New Line Cinema con el premio a la mejor dirección y por el canal de televisión Lifetime Television con el premio a la mejor directora. El Chancecito se exhibió en salas de Cines Unidos en Venezuela en el 2004, a raíz de convertirse en uno de los ganadores del Concurso de Cortos de Cines Unidos y Fox Latino. Ganó el Premio a la Calidad del CNAC (Mejor Dirección, Mejor Cortometraje de Ficción), Premio Municipal de Cine (Mejor Dirección y Mejor Fotografía), Premio de la ANAC (Mejor Música, Arte, Actriz Secundaria, Actor y Actriz Principal) y otros premios en festivales internacionales. Ha dirigido varios documentales y cortometrajes y el unitario Bolívar eterno, ciudadano de la libertad para la Fundación Villa del Cine.
Filmografía de Efterpi Charalambidis:
- Grifo, animación con plastilina, 30 seg., video, 1991
- Niko’s Restaurant, ficción, 22 min., 16 mm, USA, 2001
- El Chancecito, ficción, 22 min., 35 mm, Venezuela, 2004
- Todos los niños somos iguales, documental, 25 min., video, 2006
- Vengo a recitarles, documental, 20 min., video, 2006
- Serie El Pueblo es la Cultura, 15 micros documentales, video, 2006
- Derecho Laboral (aka "El Colchón"), Serie Historias Mínimas, ficción, 17 min., HDV, 2006
- Dulce de Lechoza (aka "El Llano"), Serie Historias Mínimas, ficción, 18 min., HDV, 2006
- Bolívar eterno, ciudadano de la libertad, unitario para TV, 40 min., HD, 2007
- Libertador Morales, el justiciero, ficción, 145 min., 35 mm, 2008
Anécdotas
“Va a llover… Va a llover…”
Libertador Morales se desarrolla, según la trama, en los meses de febrero y marzo, alrededor de la época de carnaval, que es usualmente el período de sequía de nuestro privilegiado clima tropical. Es por eso que nadie le cree al personaje Palo de Agua, el latero del vecindario, cuando éste repite la frase “Va a llover, va a llover”, la cual parece indicar un simple hábito o desvarío, pero sugiere a su vez la inminencia de una premonición.
Irónicamente, la producción estuvo sesgada – o anegada, mejor dicho – por constantes precipitaciones. La lluvia fue el obstáculo inflexible que más atentó contra el delicado tiempo de las pautas, contra el presupuesto y contra nuestra paz mental. Había que rediseñar constantemente el plan de rodaje, suspender pautas y tener que volver a las locaciones hasta tres veces para terminar de rodar una escena. Todo esto requiere doble trabajo de racord, adaptación de planos, tiempo adicional de rodaje y una fuerza extra para mantener el ánimo.
Imaginen por un momento a 60 personas, entre equipo técnico y actores, llegando a la locación. Los actores se preparan en manos de la maquilladora y de la vestuarista, los técnicos lanzan cables, montan luces, pesados rieles, máquinas, cámara, los chicos de arte montan los detalles de la escenografía, traen y preparan las motos, asistentes de producción cierran calles, controlan todo… Luego de dos horas, los actores ya están en el set y estamos listos para rodar, la claqueta está frente a la cámara, el sonido rueda y justo antes de dar la voz de “acción”, empieza a llover. Pandemónium. El camarógrafo pide a gritos un cobertor para la cámara, los actores corren a resguardar su maquillaje y vestuario bajo el paraguas, los eléctricos corren para tapar y desmontar luces, los de arte se encaraman sobre las paredes para desmontar la utilería antes de que se moje irremediablemente, todo el mundo corre para proteger los equipos del daño del agua. En menos de dos minutos estamos todos apretujados, recogidos, silenciosos, viendo la lluvia caer y el tiempo pasar. Para cuando escampe, las calles y las paredes estarán mojadas, y el sonido de pasos y ruedas sobre un pavimento mojado delatará que ha llovido. Nada de esto funciona para nuestra historia, nada de esto denota
época de carnaval, y ahora sí le creemos a Palo de Agua. Claro, estábamos rodando durante los meses de julio y agosto, ¡que son precisamente los meses de lluvia! Fue una lucha desigual con la naturaleza, y es quizás la experiencia que más retó nuestra motivación, integridad, eficiencia y compromiso (Efterpi Charalambidis).
Paralelismo
Estábamos en la fachada del Palacio de Justicia con todo el equipo técnico trabajando, alrededor de 30 actores y otros 30 extras. La acción consistía en una manifestación, donde vecinos y mototaxistas protestaban por la libertad del Justiciero. Los actores y extras cargaban pancartas y gritaban consignas de protesta. En ese momento ocurrió lo imponderable: llegó un grupo de estudiantes para protestar por la libertad de unos estudiantes detenidos. Aquello se transformó en un caos de manifestaciones. No podíamos grabar, así que negociamos con los estudiantes una especie de “uno por uno”: una vez gritan ustedes y la otra gritamos nosotros. Acordamos que, desde el momento en que nosotros diéramos la voz de acción y hasta que diéramos la voz de corte, ellos no emitirían grito alguno, de manera tal que pudiéramos completar la toma tal y como lo requería la película. Una vez que yo dijera corte, ellos seguirían con su protesta. Obviamente, este “uno por uno” funcionó para un par de tomas, porque aquello iba en contra de la naturaleza misma de una manifestación, y los estudiantes pronto dijeron “a la porra con estos cineastas, nosotros vinimos a protestar” y empezaron a gritar “¡No es ficción, es realidad!” sin importar si yo decía acción o corte. Luego de varios intentos de producción para acallar la protesta de estas personas, logramos, con la última luz del sol, rodar el momento de la escena en que Libertador Morales es liberado y todos salen a cargarlo y abrazarlo pegando gritos de alegría. Justo cuando di la voz de corte, detrás de Libertador aparecieron los estudiantes liberados y todos los manifestantes salieron a hacer exactamente lo que acababa de recrearse en la ficción: salieron a abrazarlos y cargarlos pegando gritos de alegría. Habíamos terminado nuestro día de rodaje. Había terminado la misión de aquella manifestación. La realidad y la ficción se reflejaban mutuamente en este paralelismo inesperado (Efterpi Charalambidis)
Información tomada de: Dossier Libertador Morales, en: Libertador Morales, El Justiciero. Un mototaxista diferente (DVD suministrado a los diferentes medios de comunicación).

sábado, 18 de julio de 2009

Cine Foro "Soy un Delincuente" de Clemente de la Cerda. Ciclo Cine+ Arquitectura.18 de julio de 2009.

Alfonso Molina:
Más allá de las debilidades dramatúrgicas que podemos ver en la película, después de treinta años, el tema o el planteamiento sigue siendo importante hoy. A pesar de que la película se hizo con una situación precaria, fue y es importante. Hoy en día este largometraje duraría menos. Después de esta película, Clemente de la Cerda hizo “El Reincidente”. En “Soy un Delincuente” el protagonista no muere. Se anuncia su muerte, incluso en el escrito final. En esta época se hicieron varias películas sobre la misma temática en Argentina, Colombia, México, en Latinoamérica. Esta especie de sub-género presentaba seres marginales o marginados en sociedades subdesarrolladas, donde hay un gran contraste entre riqueza y pobreza, siempre la delincuencia mostrada en espacios urbanos, nunca rurales.
Hay en la película una idea que con el tiempo se ha ido develando, aparte del cambio físico y cultural de la ciudad, y es que han pasado más de tres décadas y la función dramática esencial es la misma: la situación del barrio, de los sectores populares y otros sectores. Está el barrio y está la Plaza Altamira y sus alrededores, el Centro Comercial Paseo Las Mercedes. Son cosas muy aisladas. La concentración de la película ocurre en el barrio, en el retén de menores y no de la otra ciudad. Esta ciudad está dada por fragmentos inconclusos nunca se teje una ciudad. Hoy el tema es el mismo en pleno siglo XXI, es algo dramático la delincuencia y hunde sus raíces en la desigualdad social, la distribución de la riqueza.
Guillermo Barrios:
A mí me parece muy oportuna la selección de la película, porque podemos ver como en Clemente de la Cerda hay una sensibilidad por el espacio urbano. En este sentido la lectura de cómo es la ciudad en “Soy un Delincuente” pasa por el cineasta. La propia filmografía de Clemente nos dice mucho. En los años 63 y 64 se vuelca el cine desde el mundo de la televisión, es un período muy vacuo, muy estéril, del cine venezolano. No hay producción nacional y la poca que había estaba vinculada a la televisión, área de donde viene Clemente. Su hermano era figura estelar de la televisión y él mismo trabajaba en la televisión. Aparece una película que a mi manera de ver recoge lo que es una cinematografía venezolana de la realidad. Es “Isla de Sal”. Película que no por casualidad tiene dos figuras estelares: Lila Morillo y Simón Díaz. Esta película narra el caso de la aproximación a la ciudad. Es la llegada de la hija de un pescador (Lila Morillo) al Nuevo Circo, recibida por su tío (Simón Díaz). Es un recorrido por la ciudad, es una narrativa de la ciudad. De esta película existe sólo 20 minutos recuperados de ese celuloide. Es una historia basada en el mundo de la televisión, con Hugo Blanco más los dos actores que ya mencioné. Aquí ya hay una mirada de la ciudad de Clemente de la Cerda. Su segunda película también es en los años estériles del cine, se trata del “Rostro Oculto”, de la cual no queda nada, sino las crónicas de prensa. Es una película con mucha flexibilidad en el espacio urbano, hablan del claroscuro, la noche retratada a manera de contraste. Sucede gran parte, en el Parque Los Caobos. Es una historia de drogas. En 1969 con “Sin Fin” es un retrato autobiográfico, se trata de las desventuras de un publicista, pasa por los circuitos fundamentales, pasa por la ciudad y en cierta manera, se vincula con un cine internacional, con una París 68, con una vanguardia que avanzaba hacia una forma diferente de ver la ciudad y la cultura, tal como la película “Crónica de un Verano”. En el caso de “Sin Fin” hay un cineasta que sale con cámara en mano. Clemente desemboca con “Soy un Delincuente” previa mirada cinematográfica a la ciudad, áspera y dubitativa pero con un legado que no lo tienen los demás cineastas de lo que llamamos el nuevo cine venezolano. Cahuramanacas, es la combinación de Caracas y humano, cuyo subtítulo era Historia de una ciudad latinoamericana. Cahuramanacas es un cortometraje hecho en Paravisión, lo más avanzado para el momento. Estoy absolutamente de acuerdo con Molina en que los momentos más importantes de las películas son aquellos que parece documental. De hecho es la mirada a una ciudad. Aquí vale mencionar a Jesús Enrique Guédez, muerto el año pasado, quien inicio un cine documental y quien tiene un aporte significativo con “La Ciudad que nos ve”, situándose en un barrio: La Charneca. En “Soy un Delincuente” el morirse o a la reacción a los golpes es muy mala. Así es el cine venezolano, aún hoy en día no saben morirse en las películas.
“Soy un Delincuente” muestra un problema de violencia en barrio y con un elemento de carácter político que es obvio. Por ejemplo, el Jefe de la Policía del correccional estaba vestido con el traje de cuadros que usaba Carlos Andrés Pérez. Se hace un cuestionamiento claro a las instituciones. De paso es una Caracas antigua donde a la ocurrencia delincuencial sigue la actuación inmediata de la policía. Gritan: Policía, y salen inmediatamente. Eso es impensable hoy en día. Además Radio Capital quien informa: Muerto un hombre, eso es para el momento. En la actualidad, Radio Capital tendría que informar las 24 horas sobre las muertes y la delincuencia. No existe una reconciliación entre el barrio y la ciudad tramada (la segregación). Aunque sí hay ejemplos exitosos latinoamericanos en el vencimiento de esa segregación, es decir la gesta de una integración, en ciudades como Bogotá, Medellín y Guayaquil. En “Soy un Delincuente” hay un planteamiento muy claro que de la Cerda expresa con sonido, el radio aquí y allá, en cómo va cambiando la radio a medida que se mueven en los espacios, la presencia de Radio Aeropuerto en el pie del barrio y no dentro del barrio.
Ahora bien, otra lectura que puede hacerse es partir de lo que se llamó el nuevo cine venezolano, que se identifica como nacimiento en la fecha de estreno de la película “Cuando quiero llorar no lloro” de Mauricio Wallerstein, en 1973. Aquí hay planteamientos, se va generando un cine ya no como hechos aislados. Y en esa película, no por casualidad, Mauricio, venido de México, trae un catálogo de aproximaciones posibles a la ciudad. Cada Victorino se sitúa en un ambiente de la ciudad segregada y se pone sobre la mesa los posibles escenarios donde narrativamente se podían desarrollar cada uno de los personajes. Victorino Peralta en el ambiente de los ricos, donde hay pedazos de la ciudad rica: las mansiones, la piscina, los centros comerciales, los gimnasios. Victorino Perdomo en el ambiente clase media, personificado por Orlando Urdaneta, en su primera aparición en el cine. Se trata de un universitario vinculado a la lucha política. Victorino Pérez en el ambiente de los pobres, personificado por Perucho Laya, quien sale de la cárcel, cae en El Guaire y hace un recorrido por la ciudad problemática, antes de llegar al barrio. En el libro que estoy publicando: “Tramas Cruzadas” trato sobre esas segregaciones. Los ricos se dejan para el estereotipo de la tv. Pero al cine comprometido con los movimientos de liberación interesaron los otros dos segmentos, el de la clase media, intelectual, que protagoniza la lucha política y el barrio, la pobreza. Así surge Crónica de un subversivo latinoamericano, también. Y es justamente esto lo que capta y logra Clemente de la Cerda en “Soy un Delincuente”.
Ahora les leeré algo que traje de mi libro Tramas Cruzadas:
“Clemente de la Cerda… debido arquitecto de las villas de toda la miseria. Imagen cinemática cuya composición hace poco no sólo en el barrio… en su ilusión físico espacial, sino un entramado de relaciones sociales perversamente dislocadas de programas aspiracionales de ciudadanía. No es precisamente en el rancho donde sucede todo, sino que en los espacios donde el protagonista va, sucede esa degradación moral. A los ideales políticos de liberación, de la Cerda opone un programa esquizoide de supervivencia. Su propuesta “Soy un delincuente” (1976) expone ante un público masivo, a pleno sol, los entretelones vergonzantes de la metrópolis en curso. A la barriada de locación, al sur de la ciudad (El Mamón y Santa Fe) se accede desde el inmenso helicoide de la Roca Tarpeya, esa pieza… de lanzamiento interrumpido de la modernidad caraqueña. Un ejemplo de las grandes arquitecturas, con umbral simbólico y gigantesco de una leyenda urbana sin solución de continuidad. Gran arco no de triunfo sino de fracaso, antesala de la gran penuria que finalmente habitó la ciudad. La cámara al comando del propio director, se mueve relajada por los espacios del barrio hacia el interior de ranchos míseros y en las caminerías estériles y polvorientas que lo irrigan. En el curso de su narración, la ciudad formal, la ciudad tramada es sólo interfase del eje maldito barrio-cárcel, barrio- burdel o barrio cementerio, un hilo no tejido de espacio cuya razón se reduce a ser revista de escena del crimen. El filme resuelve un acercamiento puntual al plano de fragilísima frontera y contundente contraste, a partir de panorámicas con limitadas fuerzas emotivas y registros de a pie por algunos lugares de Caracas. Sobre las calzadas del centro, de la Cerda, vuelve a demostrar habilidades en el registro de lo urbano y de lo inadvertido, lapso de la vida en ejercicio. En un instante histórico, en vigencia del futuro mutuo, los quioscos venden el recién inaugurado diario 2001, titulando: Caos, los carritos por puestos anuncian Chacaíto, Bello Monte, Las Mercedes. Precisamente los lugares que la policía pone como límite a los delincuentes. Y al fondo: ruido de ciudad, y sobre el mueble de la casa: Radio Aeropuerto da la hora. Un sonido particular del proceso de replanteamiento y modernización de los medios y la radiofonía nacional. La cámara acude a su tránsito por anónimas calles de la ciudad y para remarcar los aspectos insoslayables de la segregación… En su final elíptico “Soy un Delincuente” incluye la escena del arrebatón efectuado por un pequeño ratero a plena luz del día para dejar planteada la cartografía nacional sobre la cual el cineasta se ubica en su prolífica filmografía. Luego en una saga inmediata con El Reincidente (1977), de la Cerda rastrea la ciudad con las mismas referencias, aunque la cámara se hace más ventral en esta oportunidad, sale menos a la calle, transita con preferencia por espacios interiores, por los correccionales, los grises espacios… siempre a partir del rancho y del barrio, pero mostrándolo con resolución y coraje… en definitiva es parte de un “cine malandro” como el mismo cineasta llega a caracterizarlo.
Nuestra lectura (Otra lectura más):
El Malandro Vs. El Policía

Soy un delincuente es una película que llama a una lectura actual de la formación del funcionario policial y el delincuente. La historia de Ramón Antonio es quizá una réplica de la situación familiar de un niño ante la ausencia de la figura paterna en un ambiente mísero. Desde pequeño comienza a apropiarse de las vías alternas para ganar dinero y llevarlo a casa.
La madre lo deja en manos de una vecina, una guía en cuestión de arrebatos de carteras, iniciación sexual y trampas para los transeúntes. Continua este camino que por peligroso que es, genera satisfacción y disfrute.
La participación en robos planificados lo presenta como un discípulo que ha superado a su guía originaria. Sigue perfeccionando técnicas y la organización de un grupo al cual comanda. Usa armas, burla a la policía y evade las sanciones constantemente.
Con frecuencia es atrapado por la policía. Un cuerpo policial que está menos preparado para afrontar a aquellos jóvenes delincuentes. Usan como escudo la violencia y el maltrato como formas de poder. En varias escenas se les ve armados de rolos y sin el uso de chalecos antibalas. Aquellos que ocupan cargos administrativos ostentan un poder dentro de las cárceles y retenes de menores. Fuera de estos se le atribuye una autoridad legitimada por aquellos ciudadanos que reclaman protección y justicia, pero ¿esos funcionarios están preparados ante aquellos jóvenes que tienen más experiencia en el uso de armas? Los Derechos Humanos entran en juego en la formación de un policía.
En el marco de los Derechos Humanos siempre estará presente el siguiente dilema ético:
Si yo fuese policía y está en mis manos matar a un malandro para salvar la vida de un ciudadano trabajador, el cual se encuentra encañonado por el antisocial, ¿qué haría yo? Decir lo mataría o no lo mataría será sólo posibilidades. Hay que estar en los zapatos del policía.
Claritza Peña/José Alirio Peña

lunes, 13 de julio de 2009

Cine foro "Canción mansa para un pueblo bravo". Segundo Cine Foro del Ciclo Cine+ Arquitectura.

El 11 de julio de 2009 se realizó el segundo foro del Ciclo de Cine+Arquitectura que contó con la presencia del arquitecto William Niño Araque y la cineasta Marilda Vera. Luego de la proyección de la película Canción mansa para un pueblo bravo (1976) de Giancarlo Carrer, se dio inicio a un foro, en el cual surgieron las siguientes ideas:
Desde la visión de la arquitectura la película muestra de forma claustrofóbica e intimista a los personajes desde una relación amatoria que no se sabe si se resuelve. Esos espacios predominantemente son cerrados: pasadizos del Centro Simón Bolívar, escaleras, una fábrica, una funeraria, Parque Central. Son una especie de vientre en el que se gesta un malandro.
Desde la óptica de la cineasta los personajes son sobrevivientes, trátese del malandro, el joven, los inmigrantes (la española de la pensión, el portugués dueño del restaurant, el portugués asesino de la prostituta, el dueño de la funeraria). En esa porno-miseria no se muestran los ranchos. Se presenta a un malandro distinto, que roba libros y los lee, protege a un joven pueblerino, verbaliza el mundo de los otros.
Del público asistente surgieron lecturas interesantes. Algunas que se centraban en la historia y eran leídas a modo de mensajes alicientes al país, otras centradas en la arquitectura (espacios cerrados y abiertos), en una identificación con el Neorralismo Italiano y Pasolini (también compartidas con el arquitecto invitado y la cineasta) y una relacionada a esa comparación de la Venezuela actual (tendencias socialistas, la música de Alí Primera). Fuera de estas lecturas faltaron otras posturas sociológicas, antropológicas y educativas.
A continuación se intentará presentar una lectura en el plano de la formación:
Desde la óptica de la educación, se advierte por ejemplo, una relación formativa signada por el amor, donde el guía es un malandro (Freddy), quien es seguido, observado e imitado por un joven del interior (Giancarlo), inocente, sincero e inculto, interpretado por el actor Orlando Urdaneta.
No es la primera vez que se asocia a Orlando Urdaneta con un personaje imitador de un modelo. También ocurre en “Historia de amor y brujería”, tal como lo presentamos hace meses en este blog.
Lo interesante de ese modelo (el malandro) es el conjunto de características nada atractivas para la mayoría de los espectadores, pero si interesantes para el otro personaje. Aunque en principio el acto de robar, mentir y prostituirse por dinero no le resulta ni familiar ni atractivo por pertenecer a un mundo ajeno, termina considerando la acción de robar como un estilo de vida, tal como se advierte en la última escena. Aquí se entrevé una transformación del personaje mismo.
Lo atractivo de aquel malandro, para el joven, es esa ayuda y sentido de camaradería que no encontraba desde que otro amigo falleció. La protección y el amparo ofrecidos ante su soledad, en la ciudad, activan un acercamiento espontáneo y una especie de comprensión por una vida cómoda, sin mayores esfuerzos.
Los espacios presentes en la película, desde la lectura del modelo y de su tendencia a ser imitado, pareciera encontrarse en una formula dual. En los espacios cerrados se manifiesta como es: tímido, inocente, enamorado. En ellos se activa la observación al modelo (la viveza para evadir pagos, el robo de libros, el asesinato de dueños de locales, la maestría con las mujeres, la solicitud de dinero a cambio de relaciones sexuales con hombres), mientras que en los espacios abiertos deja relucir lo que desea realmente: libertad, no tener controles, amar a una mujer compartiéndola con otro. Precisamente, en estos espacios abiertos es donde se pone en práctica algunos de los consejos para sobrevivir en la ciudad, a modo del modelo: correr, evadir la autoridad y explorar.
Ambos personajes muestran dos caras de la ciudad que, finalmente, llegan a converger. Una representada por el malandro: el desorden, la agitación y el caos, frente al orden y el equilibrio, representado por el joven pueblerino. La convergencia ocurre a partir de la decisión de sobrevivir sin sacrificio. Un hombre distinto que aparece como un potencial ladrón y asesino a joyeros.
Claritza Peña Zerpa

Tomas Welss: A los chicos hay que dejarlos ser con las historias

El 8 de julio de 2009 dictó una conferencia el reconocido cineasta chileno Tomas Welss. Mostró su labor a través de dos cortometrajes. A partir de estos, se resume una importante experiencia como enseñante, además del grado de compromiso de los participantes.
Welss mencionó algunas experiencias en talleres de animación, entre ellas: el taller para adultos en las afueras de la capital (2004), en Ovalles (2005) y con los chicos de la Escuela de Artes /Talca en 2007(uno de los cortos presentados).
Se detuvo en el caso Talca, pues en este corto aparece cada uno de los pasos del taller de animación, así como algunas ventajas de la iniciativa del gobierno de su país en torno a las residencias artísticas para la formación en arte.
El taller de animación contempla los siguientes aspectos:
1. Diseño del personaje. Por tratarse de jóvenes entre trece y quince años, Welss acotó: “trato de hacer que estos chicos dibujen lo que habitualmente hacen en clases (diseño de monos), siempre respetando la libertad de cada quien para dibujar”. Estos dibujos, quizá, para algunos de los presentes (en la sala de la cinemateca) nos resultó familiar, pues no es nada alejado de la realidad que siempre pintas algo mientras estás en una clase aburrida.
2. Story board y guion. A partir de los dibujos realizados por los chicos se trata de hacer una historia, es decir, el texto subyacente a la gráfica. Sin la profundidad de un guion se trata de incursionar en el mismo, después de tener en mente las imágenes.
3. Producción del dibujo. Se precisa las imágenes secuencias y sonidos que debieran aparecer, tomando para ello el story board como materia prima. Precisamente en este paso se requiere concentración. Van apareciendo las imágenes en movimiento.
4. Digitalización. Se coordina la historia. Se pasan las imágenes del escáner al formato digital y luego la postproducción.
5. Edición y postproducción. En la edición está el ritmo y la musicalidad, hay cortes y vueltas, mientras que la postproduccion es un mundo de interés, en el que hay que explorar técnicas y experimentar un poco sin elevar esto en demasía. Lo que importa es el contenido. Hacia éste se debe llevar al alumno.
6. Sonorización. Sonido y música potencian la imagen. Ciertamente, un desafío a la imaginación. Los chicos que estudiaban música se involucraron en la búsqueda y experimentación de las melodías que debían acompañar a la imagen.

Algunas notas de la experiencia de Wells:
· A los chicos hay que dejarlos ser con las historias.
· Lo que más le digo es que inventen a los personajes… se trata de ser más protagónico.
· Libertad para dibujar. Claro, la libertad es algo que se siente.
· No saber dibujar no es un impedimento para saber animar.
Una muestra de animado, resultado de un taller con Welss en Valdivia (2003):
Al evento asistió Jesús castillo, un venezolano de amplia experiencia en animación. Pueden ver más sobre este cineasta en el siguiente link: http://www.abn.info.ve/go_news5.php?articulo=128737&lee=5

Reseñó: Claritza Peña Zerpa